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Por Julio Solórzano Foppa

 

(izq a derecha):  Silvia (que vive en Guatemala); Laura ( que vive en Quito, Ecuador); Mario (muerto en la Ciudad de Guatemala en junio 1981); nuestra madre Alaíde Foppa, nacida en enero, 1914, tenía 41 años en esta photo; en sus brazos, Juan Pablo el menor, muerto en el Quiché, Guatemala en Junio, 1980 y yo Julio Solórzano Foppa (10 años en la foto) nacido en noviembre, 1945, y ahora viviendo en Guatemala.  La letra en la foto es de mi madre y está dirigida a “Papito”, su padre, Tito Livio Foppa que en aquel entonces vivía en Buenos Aires, Argentina.  Esta foto fue tomada en la Finca San Sebastián, la gran hacienda de mi abuela en La Antigua, Guatemala.

 

Por Julio Solórzano Foppa  

Memoria de su familia.  Los que fueron muertos y desaparecidos y los que sobrevivieron

El movimiento revolucionario en Guatemala se da a partir de la ruptura del orden legal, constitucional y legítimo, cuando en 1954 se derroca al gobierno electo de Jacobo Arbenz, mediante un Golpe de Estado ejecutado por un sector del ejército con el apoyo de empresarios locales, empresas internacionales y el Gobierno de los Estados Unidos.

A partir de 1960, inicia el movimiento revolucionario cuando diversos sectores de la población se rebelan contra la represión generalizada y ante la falta de espacios legales y políticos para expresarse. La represión continúa, el movimiento revolucionario crece pero es duramente golpeado y la población civil en el campo y las ciudades es masacrada; 200,000 víctimas (85% indígenas mayas), de ellas 45,000 desaparecidos.

Se firma la paz en 1996, tras 36 años del llamado “Conflicto Armado Interno”, pero de los acuerdos firmados, las acciones de conocimiento de la verdad, impulso a la justicia, reparación, resarcimiento a las víctimas, el impulso a la reconciliación y la concordia, han quedado pendientes en su mayor parte.

Mis hermanos Mario, Silvia y Juan Pablo se incorporaron a la lucha revolucionaria en los años 70 y fueron integrantes del Ejercito Guerrillero de los Pobres-EGP. Juan Pablo, el menor de mis hermanos murió en Nebaj, Quiché, en un enfrentamiento con el ejercito en Junio de 1980; su cuerpo no ha sido encontrado, al igual que el cuerpo de Mario, quien murió en la Ciudad de Guatemala un año después, en Junio de 1981, también en un enfrentamiento con fuerzas de seguridad. Afortunadamente, Silvia sobrevivió y vive actualmente en Guatemala; Laura, nuestra otra hermana, vive en Ecuador.

Nuestra madre, la poetisa, académica, critica de arte, feminista y defensora de los derechos humanos Alaíde Foppa, fue secuestrada y desaparecida en la Ciudad de Guatemala el 19 de diciembre de 1980; con ella desapareció también Leocadio Ajtún Chiroy, chofer del automóvil en el que viajaban. Alaíde Foppa residía entonces en México y había viajado a Guatemala a visitar a su madre enferma. Desde México ella había denunciado las violaciones a los Derechos Humanos en Guatemala junto a Luis Cardoza y Aragón, Tito Monterroso, Mario Monteforte Toledo y otros intelectuales guatemaltecos en el exilio.

En la actualidad, mi hermana Silvia y yo tenemos abiertos juicios por el caso de nuestra madre en la Audiencia Nacional de España, la Corte Suprema de Justicia en Guatemala y recientemente, en la Comisión Interamericana de Justicia de la OEA en Washington.

Por mi parte, en la actualidad, yo soy parte de un grupo que promueve en Guatemala, el proyecto denominado Memorial para la Concordia a desarrollarse en espacios del Archivo Histórico de la Policía Nacional. Se pretende la dignificación de todas las víctimas y contribuir activamente a la construcción y promoción de una política de reconciliación y concordia.